La primera semana en casa

Hola pioja maravilla. Eres una cosita hermosa, te digo. Hermosa!

Al día de hoy llevas con nosotros 10 días de nacida, y 7 días ya en casa con mamá y papá, poniendo de cabeza nuestras vidas y haciendo de ellas una verdadera vida caóticamente hermosa. Dormimos en promedio 4 horas al día, intentamos descansar de día pero suele ser imposible porque o nos toca darte de comer, o cambiarte, o mirarte como tontos, o tenemos que responder las llamadas de todos los abuelos y tíos que llaman para preguntar sobre si dormiste, comiste, o te cambiamos correctamente. Los días se nos pasan entre pañales, babitas, llamadas y visitas.

En estos últimos 7 días hemos tenido que afrontar el terror de cambiarte solos, de bañarte solos, de vestirte solos, de hacerte dormir, de abrigarte, y de calmarte sin ayuda. Ha sido un reto, porque la verdad es que si bien algunas cosas no son tan complicadas, tu llanto y nuestro miedo en algunos casos hacen que pequeñas situaciones nos pongan algo tensos. Pero asumo que es normal. Durante estos primeros días, y probablemente por el primer mes y medio o dos meses (o tres, o cuatro?) estás durmiendo en nuestra habitación, para poder tenerte cerca y ayudarte a descansar cuando algo perturbe tu sueño, o darte de comer cuando tu horario lo amerite (aunque más de una vez decides que tu horario cambie).

Hace un tiempo tu tío Hugo me envió un artículo sobre la paternidad, creo que de The Rolling Stones Magazine, donde se habla sobre la complejidad de los primeros días de ser papá. Y mencionan algo que se me quedó grabado: Ser un buen papá en los primeros días pasa mucho por conocer tu lugar. Desde que tu hijo/a nace, tu pequeña familia se convierte en una unidad (en nuestro caso) de 3 individuos. Una preciosa unidad que empezará a funcionar junta, y con una dinámica única asociada a los 3 elementos que la conforman. Sin embargo, en los primeros días especialmente, y por los primeros meses, dicha unidad tiene una sub-unidad vital: Mamá e hijo/a. Porque Mami es la responsable más importante de que te alimentes, y con quien de una forma natural te compenetras con mayor facilidad. Esto no quiere decir que papá no te pueda hacer dormir, o que no te cambie los pañales, o que no me sonrías vivamente. Esto quiere decir que la relación con mamá es evolutivamente una relación de dependencia absoluta, cosa que no es tanto así con papá (al menos en esta etapa). Dicho esto, el artículo prosigue sobre el objetivo entonces de este tercer miembro de la unidad, y agente externo a la sub-unidad mamá-hijo/a: Hacer que la vida de esa sub-unidad sea lo más sencilla posible. Que no le falte bebida o alimento a mamá, que no les falte abrigo a ninguna de las dos, que tengan todo a la mano, que siempre haya agua caliente en el thermo, que todo esté esterilizado, que los pañales estén a la mano, que las compras del supermercado estén hechas, etc. Somos agentes facilitadores. Y si bien se trata de una tarea que puede parecer “sencilla”, créeme que puede ser bastante demandante, especialmente si mamá tuvo que salir de una cesárea.

Fuera de estas responsabilidades, las cuales asumo con mucho cariño y dedicación, se encuentran las responsabilidades colaborativas con mamá, que realmente pueden aterrorizar a algunos papis. Las enumero:

– Cambiar Pañales

– Bañar al bebé

– Sacar chanchitos

– Limpiar ombliguito

Sobre la primera, he descubierto que no he tenido problema alguno. Te cambio el pañal las veces que tú quieras, y tengo que admitir que en la última semana hasta he adquirido cierta destreza, pero lo que más me gusta, es que en la mayoría de los casos estás tan relajada con el cambio de pañales, que hasta posas para las fotos!

Hoy en día los pañales son tan sencillos de quitar y poner, que realmente el único “asunto” con el cual lidiar es tu “producción”, y también a veces la fascinante capacidad que tienes de “disparar” apenas te libramos del pañal sucio. Eres… terrible, mi amor. Terrible. Pero también aprendí a salir bien librado, y puedo decir con confianza que en este pueblo, soy un pissss-tolero más rápido que tú!

Aquí les dejo 5 pasos rápidos para cambiar pañales que pueden compartir las mamis que nos leen con otros papis, o hacer click en este link para revisar más información sobre cómo cambiar un pañal y sobrevivir en el intento, jeje. Nota a las mamis: Créanme, si yo con mis dedos de tequeño puedo, ustedes pueden. Pinzas en la nariz si hace falta, pero se puede! Como saben, estamos usando Huggies, y si bien preguntamos primero cuáles serían mejores, y nos respondieron que la bebe tendría que responder a cualquier marca, tengo que decir que estos al menos en estos primeros 10 días, nos han sentado súper bien.

Sobre la 2nda, tengo que admitir que te hice tragar agua. Agua con Eucerin. Lo sé. Me sentí terrible todo el día, hasta que al final del mismo y luego de verte muy bien en brazos de mami pude empezar a bromear al respecto, pensando en que eructarías burbujas… Pero te juro que equivocarme y hacer que te atores me deprimió mucho. Increíble la cantidad de emociones que puedes despertar. ¿Será que tengo tan metido en el corazón el no querer fallarte? Tengo que aprender a no ser tan duro conmigo mismo y estar seguro que de me equivocaré quizá más veces de las que acertaré. Pero no fue un momento lindo. Sin embargo del error, aprendimos a bajar el nivel de agua de la bañera, y a cogerte mejor cuando te enjuagamos la espalda.

La sacadera de chanchitos sí me tiene loco, belleza. Demente. No tengo idea de cómo sacarte chanchitos adecuadamente! Y las veces que lo he logrado, atribuyo mi éxito al azar. Mientras estábamos en la clínica, cada enfermera que venía a visitarnos luego de tu comida para ayudarnos a que puedas liberar tu chanchito, tenía una técnica distinta, y lo lograba en menos de 1 minuto. De manera increíble, tu padre, haciendo gala de todas las técnicas, no ha logrado nunca hacer que te tires uno. Un día te puse en mi hombro y automáticamente soltaste tres chanchitos tan fuertes, que no sabía si te había sacado un chanchito o te había exorcizado. Por Dios! Pero esa fue mi experiencia más exitosa. Así me confieso incapacitado para este tema. Espero que con la práctica y la tenacidad poco a poco pueda lograrlo.

Y sobre la limpieza del ombligo, todo súper bien. Alcohol en un algodón, haciéndolo en forma de cruz. Parece que lo hicimos muy bien porque tu ombliguito ya está libre y limpiecito!

Hoy día tuviste tu primera consulta con el pediatra. Luego de 10 días de nacida has crecido dos centímetros acumulando un total de 51cm, ya se te cayó el pedacito que quedaba de cordón, e incrementaste tu peso en 600gr, sumando un total de 3,800gr. Eres una vikinga total!

¿Cómo no estar complemente enamorado de ti? Tu pelito todavía es oscuro, pero antes de los 6 meses se irá cayendo para dar lugar al nuevo cabello, de una textura y color que no conocemos todavía. Tus ojitos, de un azul acero/ verde muy oscuro todavía no revelan el color final. ¿Serán como los de mamá, o como los de papá? No importa en realidad, porque ya estás aquí, y ya tienes persona, presencia y personalidad. Ahora sólo nos toca a nosotros tener paciencia, perseverancia y pasión. Y esto último, nos sobra.

Te adoro, pequeño marshmellow rosado!

Papá.

Tu llegada a nuestro mundo

Mi pequeña hija, eres hoy una cosita tan pequeña y adorable, que dudo que por mucho tiempo entiendas lo que puedo estar sintiendo en este momento. Tengo que confesarte esto: es cierto. Es cierto que uno no sabe qué es lo que es el amor de padre, hasta que se tiene un hijo. Y tienes que saber que yo te amé con locura desde que supe que vendrías al mundo, pero que hoy que estás en él, y que cabes en mis brazos, ese amor ya no tiene medida, ni límite.

El día 14 de setiembre del 2012, viernes, a las 3:30 de la madrugada mamá se despertó. Notó que su osito de peluche no estaba a su lado, y al verlo en el suelo al lado de su cama, se estiró y agachó para tomarlo con una mano. Al moverse, notó algo húmedo y corrió al baño. Confundida, retornó a la cama pocos minutos después, y tras intentar conciliar el sueño nuevamente pensando que sería un error, sintió que cierto líquido se escapaba fuera de control. Llegó al baño lo más pronto que pudo y me llamó. Su sola voz, calmada y sin muestras de temor o pánico, hizo que yo despertara al primer intento. Me puse de pie, y la acompañé a la cama. Media hora después, tras hacer que mami se ponga de pie, confirmamos que su fuente se había roto. Eran las 4:30 am.

Aquí un tip para las madres: Si no saben reconocer si es que se les “escapó” algo en ese momento, recostarse por un tiempo de entre 20 y 30 minutos, para incorporarse y caminar puede ayudar a resolver el misterio. En caso de un “escape”, el mismo se dará tanto al estar recostada como de pie, sin embargo cuando se trata de la ruptura de la fuente, en muchos casos el estar recostada permite que el líquido se aloje por un momento, cayendo por acción de la gravedad tras ponerse de pie.

Nos miramos a los ojos emocionados, sabiendo que el gran momento había llegado. Acompañé a mamá a la ducha, y nos alistamos para salir, luego de haber llamado a nuestra doctora y confirmar que podíamos presentarnos sin problemas en la clínica. Salimos de casa aproximadamente a las 5:30 am.

El haberte esperado tanto hizo que la salida de casa fuera tranquila y calmada, ya que tus maletines estaban preparados en el carro, cosa que facilitó organizarnos mentalmente para no olvidar nada: DNIs, llaves, algo de efectivo, etc. y llamar a tu abuela Alice y a tu abuela Zoila, quienes por decisión nuestra se encargarían de comunicar tu llegada, para  no tener que cargar nosotros con el trabajo de llamar a mucha gente, especialmente en una situación que de por si es un tensa.

Llegamos a la clínica e ingresamos por Emergencias, ya que a esa hora el ingreso regular se encuentra cerrado. Revisaron a mamá, te revisaron a ti vía un monitor fetal y corroboraron que el trabajo de parto había empezado. Era hora de admitir a mami, y de llevarla a la sala de dilatación. Mientras tanto Papá podía subir tus cosas y organizar todo en la habitación: La 506.

Tras subir los maletines y hacer el papeleo correspondiente alcancé a mami en la sala de dilatación, donde nos encontramos por algunas horas, y donde tu doctora nos dió el encuentro para poder revisar a mami y monitorear que todo progresaba adecuadamente. Alrededor del mediodía, la doctora determinó que mami no había dilatado lo suficiente a pesar de sus constantes contracciones, y que dada la cantidad de tiempo entre la ruptura de la fuente y la velocidad de dilatación, la mejor alternativa para evitar tanto tu sufrimiento como el de mami era proceder con una cesárea. Alistaron la sala de operación y entramos, no sin temor ni emociones encontradas. A esta hora, ya gran parte de nuestra familia se encontraba reunida en la clínica, tanto velando por mamá, como esperándote con ansias.

Para ingresar a la sala de operaciones, papi tuvo que cambiarse de ropa, lavarse y esperar a ser llamado apenas mami esté lista y preparada. Llegado el momento una enfermera se acercó al vestidor y me hizo pasar. Mami se encontraba despierta, rodeada de médicos y me esperaba. Quiero pensar que verme la relajó, pues pudo sonreír, y a pesar de que sus enormes ojos delataban temor, su valentía podía más, y me hablaba despacito. Le dije que la amaba, y que todo iba a salir bien. Acaricié su cabello, mientras observaba el frenesí de la escena que se desenvolvía ante mis ojos, detrás de la cortina que separaba el pecho de mami del resto de su cuerpo, cubriendo su visión de la situación.

Así te vi salir, rescatada del cuerpo de tu madre por la doctora y trasladada inmediatamente a una mesa contigua a la de mamá, donde un grupo de médicos y enfermeras te limpió, midió, pesó, observó y analizó. Me detuve en el espacio entre esa mesa y la mesa de mamá, indeciso sobre hacia donde desviar mi atención: hacia mi esposa, adorada, que nerviosa intentaba mirar y saber qué es lo que estaba pasando, o hacia mi hija, ese cuerpito que rápidamente iba cambiando de color. Hacia esa bebé que era mía, que era nombre y sueño, y ahora forma. Mamá me miró con cariño, y tras voltear hacia ti, tu increíble llanto me arrancó del ensueño. Ese grito de arribo, indicando tu llegada triunfal a este mundo no pudo tomarse de ninguna otra forma. Ya llegaste. Ya estás aquí. Y lo gritaste. Y en mi alma sonó más fuerte de lo que sonaría un estadio gritando el gol de la clasificación a un mundial. Más que el gol del campeonato! Eran las 2:22 pm.

Te acercaron a mamá, quien no podía mover brazos para abrazarte, y te abrazaba con los ojos, besándote la frente. No podíamos creer que habías llegado. Que ya estabas con nosotros. ¡Al fin! ¡Al fin! ¿Y ahora?

Las enfermeras te cargaron y me pidieron que las siga, mientras salíamos de la sala de operaciones. No tuve tiempo de despedirme de mamá, mientras nuevamente desesperado no sabía si quedarme a su lado o perseguir tu pequeño cuerpo envuelto en telas blancas. Mamá me miró nuevamente, y me dejó ir con la mirada. Salí rápidamente detrás de ti, pero me pidieron que me cambie nuevamente, por lo que para mi angustia, te perdí el rastro. “Estará en el 5to piso, en Neonatología. Suba después de cambiarse.” me dijeron, antes de llevarte. Me cambié lo más rápidamente que pude para subir por las escaleras a buscarte. En el camino me topé con toda nuestra familia, que parecía haber tomado por asalto la clínica. Todas preguntaban cómo eras, qué tal había salido todo, o si había tomado fotos. En mi desesperación traté de subir por el ascensor, pero descubrí que sería más fácil tomar las escaleras. Corrí hasta el 5to piso, donde finalmente me abrieron una puerta y te encontré.

Te encontré y nos miramos fijamente, a los ojos por primera vez. Nos reconocimos, y en ese instante me di cuenta que el corazón me había crecido. Al menos duplicado. Esa carita tuya tan especial, tan de tu madre como mía, me devolvía la mirada con determinación y en silencio. Sin soltar un solo llanto. En absoluta y total calma y complicidad. Estabas bien, e ibas a estar mejor cada día.

Salí de Neonatología con el corazón brincando en mi pecho, y con la única preocupación de saber cómo estaba tu mami. Mamá es el amor de mi vida, y tienes que saber que abandonarla en la sala de operaciones ha sido una de las cosas más difíciles que he tenido que hacer jamás. Evité nuevamente dar muchas declaraciones sobre tu estado a la familia, para correr hacia las escaleras y nuevamente bajar a la sala de operaciones, al menos hasta la puerta de entrada de la misma para saber cómo estaba mamá. Al llegar ahí, y tras tocar un timbre por unos minutos, me indicaron que mamá ya estaba en recuperación. Que estaba bien, y que en aproximadamente 2-3 horas subiría a su habitación, donde se encontraría contigo.

Mamá estaba bien, y tú estabas bien. Eran las 3:30pm aproximadamente y al subir por las escaleras nuevamente, me detuve en el descanso. El agotamiento me había alcanzado por un minuto, y la certeza de que había cumplido con ambas llenó mis ojos de lágrimas. Lloré tranquilo, en silencio por un minuto, de felicidad, de cansancio, de emoción. Me recompuse, y llegué al 5to piso nuevamente, donde toda la familia esperaba escuchar mi relato sobre tu nacimiento, ver algunas fotos y conocer los detalles de tu llegada, así como saber el estado de mamá.

Pasadas las 6pm mamá llegó a la habitación, sin poder hablar ya que parte de su recuperación dependía de ello. De lo contrario al día siguiente podía sufrir intensos dolores productos del aire que podría ingerir al hablar. Y así, con mami en silencio, y con la familia esperándote, llegaste a la habitación, donde pude verte por tercera vez, y por primera vez en brazos del amor de mi vida. Así mamá e hija se abrazaron por primera vez, convirtiéndome en el testigo más enamorado de el inicio de nuestra nueva vida.

Así llegaste Valentina, esperada como nadie y adorada como pocos, a este mundo, para hacer de papá y mamá los más felices padres. Y llegaste a tiempo, bajo tus términos y condiciones, tal y como manejarás el resto de tus días.

Te amo,

Papá

P.D: Cuando llegamos a casa, encontramos una súper sopresa de nuestros amigos de Huggies. ¿Puedes creer lo suertuda que eres?

Bienvenida Valentina! Al fin llegaste!!!

Hola hermosa bebé! Hola hija! Hola pedacito de bola de arroz con patas! Preciosura envuelta como tamal! Llegaste! Estás aquí! A mi lado, a mi alcance.

Llegaste el día de ayer, a las 2:22pm según mi reloj, y 2:20pm según el de la clínica. Pero yo jamás olvidaré el 2-2-2. Llegaste al mundo un 14 de setiembre. Eres Virgo. Eres PRECIOSA.

No tengo mucho tiempo para escribir en este momento, así que actualizaré este post más tarde durante el día, pero estoy súper feliz, súper emocionado y admirado a más no poder por tu mami. Es una trome!

Te escribo luego, voy a darte besos primero.

Papá.

 

La vida de acuerdo a mis fotos III

Buenos días pequeña karamanduka de anís. Es tan lindo empezar el día escribiéndote. Estamos pasando unos días un poco tensos pensando en tu llegada, además del trabajo, así que pensar en ti, y solamente en ti me permite respirar, relajarme, sentir que estoy en casa. Quería contarte que luego de revisar tus cosas como 30 veces, descubrimos que habíamos cometido algunos errores, como que teníamos biberones de 4 onzas pero no los complementos de los mismos… o que tenías ropita para la “parte de arriba” pero que te faltaban pantaloncitos. Creo que eso pasa cuando uno compra con más entusiasmo que otra cosa (y créeme, en relación a la ropa, quizá nos emocionamos más de lo normal).

Lo bueno es que tus tíos Huguito y Carlos nos han hecho un enorme favor. Tu tío Carlos recibió en casa algunas compritas de último minuto, y tu tío Huguito las va a traer. Entre ellas tu silla de comer, cosa que no necesitarás hasta dentro de 6 meses aproximadamente, pero que aprovechamos para comprar por el excelente precio. No menosprecies el favorazo de tu tío Hugo, que realmente la cajita de la silla es algo voluminosa, así que está sacrificando bastante espacio para darte el gusto. Le vas a deber muchos abrazos, besos y agarrones de la barba. ¡Quedas avisada!

La semana pasada fuimos a almorzar a casa de tu abuela (la mami de tu mami) con mi mami y mi hermano (tu padrino) y él llevó un postre. Cuando fue a comprarlo le preguntaron si es que llevaría una dedicatoria. No se le ocurrió mejor idea que dedicártelo a ti. Nos divertimos todos mucho hablando sobre ti, compartiendo nuestras ideas sobre como serás, y sobre todo compartiendo el entusiasmo por tu llegada. ¿Será que vienes en estos días? ¿Cuánto nos harás esperar? Quedan 5 días incluyendo el día de hoy para que  se cumpla “la fecha” de tu llegada. ¿Antes? ¿El mismo día? ¿Después? Sea como sea pequeña, estamos todos atentos a cualquier gritito de mamá, y los demás están atentos a mi llamada telefónica. Nuestros amigos aquí, seguramente están atentos a tu primera foto!

¿Te cuento mi última travesura? Recuerdas que te mostré una foto de la señal de baby on  board que puse en el carro? Ya pues… hice otra cosita. Algunos lo llamarán huachafada, pero a mi me divierte tanto! No tienes idea. Y yo sé que todavía no naces, pero estás tan presente en nuestras vidas que no podía esperar a ponerte en vista pública. Me divierte tanto que ahora seamos tres, y que seamos toda una pequeña familia que empieza a caminar de la mano por la vida. ¿Increíble, no?

¿Sabías que en casa no se come? Es decir, actualmente no comemos como uno tiene en mente que se debe comer. Sentados en la mesa, todos juntos, con tenedor y cuchillo, educadamente, compartiendo y conversando. El otro día caí en la cuenta que en el secador de la cocina, no habían ni platos, y casi nunca un tenedor o un cuchillo. Lo que siempre hay son bowls y cucharas. En casa pues, no se come. Se cucharea. ¿Por qué? Porque casi nunca almorzamos en casa, mamá desayuna cereales, y papá cena cremitas… porque cuando hay algo de comer, seguramente está en un tupper, y cuando mami ratonamente lo abre, le mete cuchara. Pero todo eso va a cambiar pequeña. Porque empezaremos a desayunar en familia, a almorzar juntos siempre que podamos, y a tomar lonche, o cenar juntos. Porque para papá no va a haber nada más rico que tener a sus dos chicas al frente, y conversar con ellas.

¿Sabías que mami es una trome? Porque si bien su panzota la tiene cada día más cansada, está llevando estos días con el mejor humor del mundo, y como me han dicho ya, si no fuera por la panzota, su ánimo no revela a una mujer en sus 40 semanas. Pero oh sí, ten por seguro que está cansada. Porque de noche, mami se mete a la camita, con necesidad de masajes, y con mucho, mucho sueño. Pero es una trome. No sabes lo feliz que me hace verla tan animada, tan contenta, esperándote con tanto cariño. Y como tal, quería asegurarme que ella lo sepa, así que te compré este entericito. Lindo, no?

Así que habiendo llegado a las 40 semanas, y habiéndose cuidado tanto, decidimos darle rienda suelta a algunos antojos el otro día. Porque finalmente, se lo merece. Y como me dijo alguna linda lectora, ya es momento de que se relaje, de que descanse, de que disfrute. Así que durante el fin de semana, decidimos tragar. Y tragar bocaditos de cumpleaños. Felicidad total y absoluta acompañada de una película y cama. Cuando vengas y seas un poquito más grandecita lo hacemos juntos, ya?

Ayer puse música clásica en la panza de mami… y no puedo dejar de imaginarte aprendiendo a tocar violín, o piano. ¿Sabías que yo aprendí tocar violín a los 6 años? La verdad es que dejé los estudios muy pronto, y ya no recuerdo absolutamente nada, pero te aseguro que me encantaría poder tocar el violín hoy por hoy.

¿Será que tú logras lo que yo no logré? ¿Será que no te interesa en absoluto? Ya lo iremos averiguando. Lo importante es que lo haremos juntos. Los 3.

I love you, petit-pan con nutella. Love you. Ven, ya?

Papá.

Semana 40, aquí vamos

Hola maravillosa. Entramos ya a la última semana del embarazo. Tengo que confesarte que si bien nos hemos preparado a lo largo de estas 40 semanas para recibirte, tanto mamá como papá nos encontramos algo nerviosos por tu llegada.

Sinceramente pensamos que (como nos habían dicho tantas veces) ibas a adelantarte, y llegar en la semana 38 o 39… pero no. Has llegado a tu semana 40. Correctita, totalmente bajo cronograma, sin apuros, sobresaltos ni angustias. Sólo manteniendo a papá con los pelos de punta con cada quejido de mamá.

Tengo que confesarte también que parte de nuestros nervios y de la angustia que compartimos es producto también de las constantes llamadas que recibe Mami, preguntándole “Ya?!”. Yo no tengo mayor problema en contestar, pero mami, quien ya ostenta una panza digna de toda tu presencia a término, está un poco cansada de repetir “todavía…”. ¿Qué te puedo decir? Mami te quiere ya en sus brazos.

Estos últimos días que tenemos contigo en la panza hemos estado cayendo en una serie de conductas también un poco raras.  A sabiendas que ya estamos listos para ti, hemos re-re-revisado todas las cositas que te esperan. Y así, hemos empezado a encontrar errores en nuestros cálculos. Que tenías muchas cositas para arriba, pero no pantalones para los primeros 3 meses, que tienes bastante ropa de recién nacida, que probablemente usarás por un par de semanas… que como estás llegando a término, seguro pesarás más de lo que anticipábamos, así que puede ser que algunas cosas no te queden, etc. Esto no tiene nada de raro en comparación con las otras cosas que hemos estado pensando… como que de pronto no llegas todavía porque no hemos puesto esos 3 cuadritos que faltan colocar en tu habitación. O que estás esperando a que la abuela termine de bordar las sábanas que te está regalando. O que esperas a que llegue tu silla de comer de viaje (ahí sí te fundiste, porque el tío Hugo no llega hasta dentro de un par de semanas!). ¿Qué estarás esperando, pequeña maravilla? Papi ya quiere conocerte.

¿Sabías que hoy es el aniversario de tus papis? Hace un año, el día de hoy, papá y mamá se juraron amor por siempre en el altar.

Fue una ceremonia preciosa, y mami estaba más linda que nunca. Esa noche celebramos nuestra relación, y lo felices que seríamos. Hoy día, a un año de haberme casado con mami, estoy tan nervioso como ese primer día de casado. Y sólo nervioso porque sé que  seré inmensamente feliz por el resto de mis días, y porque quiero que comiencen lo más pronto posible.

Porque tú eres el resultado del inmenso amor de mamá y papá.

Tú eres el resultado de nuestra ecuación. El producto de que mamá y papá quieran pasar el resto de su vida juntos, y de que ambos sepamos que de nuestro amor puede crecer una persona buena en este mundo.

Así que ven, pequeña humita de queso. Aparece ya en brazos de tus papis. Que mami ya te cargó por 9 meses, y papi se muere por verte.

Ayer mami me enseñó cómo ponerte medias correctamente, de manera que no se enrrollen y se te salgan con cualquier pataleta o sacudida de pies.

Ves? Ya estoy listo!
Puedes llegar tranquila. Las medias no se te caerán.

Papá.

Casi listos para ti

Mi pequeño champiñón silvestre! Papá está en casa, feliz de apachurrar la panza de mamá y de saber que tiene una hija tan obediente! Tan considerada con papá! Estoy tan contento de haber llegado a casa y que me hayas esperado pequeña nariz de tulipán holandés. No sabes lo preocupado y angustiado que estuve durante todo el fin de semana. Pero lo logramos, bebé, lo logramos.

Papá viajó a Miami el día viernes a mediodía con el tío Fernando. Tuve la suerte de hacerlo acompañado, así que no me aburrí mucho durante el vuelo. Llegamos al aeropuerto como 5 horas antes, y nos pusimos a trabajar hasta que tuvimos que abordar, para no dejar muchos pendientes al aire a nivel de trabajo. El avión salió a tiempo y papá, con sus dos maletas (y un carry-on dentro de una de ellas) llegó a casa de tía Monika en Miami sin mayores problemas.

El siguiente reto fue abrir todas las cajas con tus cosas que ya estaban acumuladas su casa. Revisar que haya llegado todo, y que todo haya llegado bien. Tuvimos suerte y el 99% de las cosas estaba ahí, así que luego de deshacernos de tanta caja, empecé a empacar la mayoría de las cosas para revisar cuanto espacio quedaría para algunas compras eventuales.

El siguiente paso fue precisamente salir de compras para buscar esas cositas lindas que no suelen conseguirse en Lima, sólo para asegurarnos que tengas alguna que otra cosita para toda ocasión. Demás está decir que ya tienes disfraz de Halloween, gorrito de navidad y demás tonterías que se le antojaron a papá y que ya verás poco a poco. Te juro que no tenía idea de lo divertido que sería pasar horas entre ropa de bebé. Es lo máximo! Me he muerto de risa solito en mitad de todas las tiendas a las que he entrado imaginándote con cada modelito. La verdad es que esto de la paternidad es un gran juego de muñecas. (Al menos por ahora!).

Finalmente pude empacar todo, pesar cada maleta para poder distribuir bien las cosas, y dedicarme a pensar en algún regalito secreto para mamá, ya que en unos días es nuestro aniversario, y aunque últimamente me haya dedicado a engreír a su panza, pues también me toca engreírla a toda ella. Después de todo es tu mami, y se lo merece sólo por serlo!

El viaje de regreso fue una pequeña pesadilla. Las 2 cajas, 2 maletas, carry-on, messenger bag y mochila no entraban en el auto de tu tía Monika, así que tuve que ir al aeropuerto en una camioneta. Precisamente por el gran volumen de cosas, Papá se moría de miedo de que no le permitan subir tantos bultos al avión, ya que si bien era consciente de que pagaría sobrepeso, cuando se trata de un exceso de bultos, a veces te limitan en base a la disponibilidad del avión. Por esta razón, papá decidió ser el primero en embarcar las maletas.

Llegué al aeropuerto 5 horas antes del vuelo, y tuve mucha suerte pues normalmente no permiten que nadie registre equipaje con tanta anticipación. Sin embargo un buen caballero de LAN me dió el visto bueno, y ante la sorpresa de varios otros empleados de la aerolínea, pude pasar y registrar el equipaje. La amable señorita del counter me miró sospechosamente mientras subía cada uno de los bultos a la balanza, y tras preguntarme sobre si era consciente que pagaría sobrepeso, me preguntó sobre la carga que llevaba. Le conté que era todo para ti, para Valentina. Sonrió tanto, que aproveché para contarle todo sobre ti. Y fue tan amable, que sólo me cobró el 50% de lo que hubiera costado un bulto extra. ¡Fue genial! Con tanta suerte ahí, papá pasó al gate, donde aprovechó para comprarle un par de revistas a mamá, y esperó su vuelo tranquilote.

Llegar a Lima no fue tan sencillo como salir de Miami. El hecho de haber sido el primero en registrar el equipaje hizo que fuera prácticamente el último en recoger las maletas. Y si bien podía maniobrar bien tantos bultos en Miami, gracias a unos coches especiales, en Lima no tuve esa suerte. Los coches para maletas no me hicieron la vida muy sencilla, pero con algo de esfuerzo pude acercarme a la cola de Aduanas para presionar el bendito botón y ver si podía pasar libremente o pasaría una inspección. Tomando en cuenta que traía bastante equipaje extra, y que el mismo se encontraba lleno de cosas nuevas, la verdad es que sudé frío por un momento. Para mi mala suerte, me tocó la luz roja, y tuve que explicarles a los madrugadores amigos de Aduanas lo importante que eras para mi, como para viajar a traer tanto cachivache. Felizmente lo comprendieron y no le hicieron a papá pasar por más problemas que abrir y cerrar cada una de las maletas y cajas. Con esto hecho, pude salir y embarcarme en la camioneta de Taxi  que mamá había coordinado para mi.

Tras huir del tráfico de mañana, papá llegó sano, salvo y agotado a las 6:40am a casa. Subí las cajas, me di un duchazo y esperé a mamá quien llegó a apachurrarme a las 7 en punto. No sabes lo rico que fue poder apachurrar a mamá, apachurrar su panza y saber que todo había pasado, que todo había valido la pena y que ya estaba en casa, donde tenía que estar, abrazando a mis dos chicas.

Al fin en casa pude empezar a desarmar las cajas, armar el coche (fue una pequeña locura al principio, pero luego le agarramos el truco), darle a mamá un regalito, y poder asegurarme que todo llegó bien. De paso mostrarle a mami el cerro de ropa que tienes, para que puedan organizarla, lavarla y empezar a guardarla como corresponde. Y es que como me decían en Miami: “Si  Valentina se parece a su mami, pues no llegará al mundo hasta que tenga algo que ponerse!”. Y tenían razón.

Hoy, ya más descansado llegué a casa luego de haber ido a la oficina y me encontré con esta imagen en la lavandería:

Te das cuenta que ya, ahoras sí… sólo nos queda esperarte? Literalmente ya no podemos hacer más que sentarnos, y mirar la panza de mamá. Tomados de la mano, esperando que decidas llegar. Pero hazlo con calma, pequeño conejito volador, hazlo despacio. Hazlo cuando quieras. Papá y mamá están aquí. Esperándote. Como lo venimos haciendo desde hace ya 38 semanas y media.

Love you, enana saltarina.

Papá.