Paciencia

Hola gatita.

Sabes que cada vez que selecciono las fotos que usaré para estos posts, me derrito viéndote? Es muy gracioso darme cuenta lo mucho que te extraño, especialmente cuando aprovecho la hora de almuerzo del trabajo para escribirte. Ver tus fotos y saber que estás sonriendo en casa, hace que yo le sonría tontamente a la pantalla.

Hoy quiero confesarte algo. Y es algo que no es fácil de confesar y sobre lo que tuve que leer el fin de semana para asegurarme que estaba bien. El día de ayer me diste cólera.

Me dió cólera tener que pedirle a mamá que te lleve a casa de su mami para que pueda trabajar para una reunión temprano el día de hoy. Me dió cólera alejarte de mi, porque cuando estás cerca me es imposible concentrarme en algo más que en prestarte atención. Me dió cólera que llegaras a casa por la tarde y haber pasado un domingo sin ti, y me dió cólera que cuando llegues a casa, llores inconsolablemente por dos horas, a pesar de haberte cambiado, cargado, cantado y sobado la pancita.

Me dió cólera verte llorar de esa forma, y me dió cólera no saber calmarte de manera apropiada. Me dió cólera tener cólera, y me dió cólera no saber qué hacer con ella! Y tu llanto no me ayudaba a calmarme. Apreté la mandíbula y te canté, pero tu llanto no cesaba.

Hasta que cesó. Y me dió pena haber tenido cólera. Y me dió pena por un instante haber tenido un sentimiento negativo hacia ti. Y te vi dormida. Y abriste los ojos con mamá, sonreíste y volviste a dormir. Y me derrumbé por un instante. Y entendí que no iba a ser la primera vez que tendría cólera, ni sería la última. Y que toda mi vida había cambiado contigo.

Así que me puse a leer, porque ¿cómo era posible que me des cólera? Y me encontré con un artículo sobre una mamá que contaba su experiencia con la ira que uno puede experimentar a veces con las personas a las que más ama: sus hijos.

Y ella expone que quizás por la generación en la que vivimos, somos más propensos que nunca a encolerizarnos y a no saber reaccionar correctamente. Porque en generaciones anteriores, darle un palmazo a un niño no era malo, era parte de la educación. Porque callarle la boca a un pequeño preguntón no era una forma de minimizarlo, pero una forma de inculcarle respeto por los mayores. Porque la cólera era expresada.

Porque esta, nuestra generación, es la generación de la información. Porque ahora sabemos exactamente qué es lo que está bien, y qué es lo que está mal. Y que si somos de los padres que no leemos los libros de embarazo y paternidad, estamos mal. Si no estamos informados, estamos mal. Si no somos papás perfectos, estamos mal. Porque es muy fácil serlo. Porque todos los libros se llaman “Criando con amor”, “Cómo construir el autoestima de un niño amado”, “Haz que tu hijo se haga rico con abrazitos”. Y ningún libro se llama “Aprende a no explotar cuando te lloran en la oreja por 2 horas”.

Y que es esta presión, la de hacer las cosas bien, la que hace que si de alguna u otra forma sentimos en algún momento alguna clase de estrés o sentimiento “negativo”, lo internalicemos, y hagamos de él algo humillante y vergonzoso. Porque uno no debe enfadarse con su bebé, con su hijo o con su adolescente. Y así, lo cultivamos. Y nos destruye por dentro.

El artículo llega a la conclusión de que es imposible no estresarse, es imposible no enfadarse y en muchos casos, imposible evitarlo. Como cuando uno es adolescente y no resiste las ganas de discutir lo indiscutible con su madre. Aún cuando uno sabe que no existe forma de salir ganando en la discusión.

Llega a la conclusión de decirnos que es normal sentirnos así, y que no debemos auto-flagelarnos por eso. Y que más bien debemos como adultos responsabilizarnos por esos sentimientos, y hacer algo al respecto. Que si nos friega que nos lloren en el oído por 2 horas, antes de estallar, demos un paso al costado y nos tranquilicemos. Que reconozcamos que estamos bajo stress y aprendamos a manejarlo de la mejor forma. Porque somos adultos. Y es tu trabajo llorar, y el mío aguantarlo.

Creo que este fin de semana he aprendido una gran lección, mi gatita loca. He aprendido que no debo ser perfecto, y debo permitirme aceptar mis imperfecciones como padre, porque dentro del gran amor que te tengo, encontraré la manera para lidiar con ellas.

He aprendido que por sobre todas las cosas, nada me duele más que pensar en lastimarte de cualquier manera.

Y he aprendido, que mi amor mil veces más fuerte que cualquier acceso de cólera.

Te amo gatita.

Papá

Paseos y sonrisas

Gorda espectacular, tu robustez y la turgencia de tu panzita-panzota, acompañada de la delicia de tus rosados cachetes, te convierten en la imagen favorita que acompaña todos mis días. Te llevo conmigo a lo largo del día. Pienso en ti en cada instante. Eres mi feliz sueño diurno.

Y llevo conmigo tu imagen porque el enamoramiento paternal es tan grande y fuerte, que tu carita, enojada o muriendo de risa, está presente cada vez que cierro los ojos. Ocupa mi pensamiento cada sonrisa, gruñido y quejido que puedas tener, y aún cuando estoy lejos de ti me sorprendo riéndome solo. Como si fuera un niño. Gracias por eso. 

Este sábado te llevamos a pasear, sabías? Fue la primera vez que salimos de casa con tu cochecito y nos recontra divertimos! Salimos a conversar con mamá, encontramos un heladero a quien le arrebatamos los últimos helados que le quedaban y disfrutamos del aire fresco. En el camino mami nos tomó esa foto, y cuando llegamos a una iglesia en la esquina del parque, nos encontramos de casualidad con tu tío Jano! Él estaba cubriendo una boda, y aprovechó para tomarte una fotito. Estabas completamente dormida, relajada y feliz.

No sabes lo rico que ha sido poder salir de casa contigo, y acercarte poco a poco al mundo. Antes de lo que pueda imaginar estarás gateando, luego caminando y finalmente corriendo. Es inevitable pensar en lo rápido que pasa el tiempo. Se siente en el cambio talla de pañales (hace rato dejaste los de recién nacido para pasar a los de 3,5 a 6kg, y estás a días de pasar a la siguiente talla). Se siente en tus acciones, en la manera en la que giras toda la cabeza cuando me sigues con la mirada…

Y últimamente porque has aprendido a sonreír. Porque me miras, y sonríes. Y tienes una sonrisa que es absolutamente devastadora. Lo más divertido es que sonríes mirándome a los ojos, así que cuando intento atrapar tu sonrisa con la cámara, la misma sólo te retrata seria. Porque necesitas mirarme a los ojos, y no mirar ese bulto negro que sostiene papá en las manos. Al menos por ahora. Pero ya te atraparé sonriendo, como lo hice con mamá aquí:

Haces que los días sean más felices, sólo con tu pequeña sonrisa.

Papá.

P.D: Mi iPhone está malogrado, así que tengo en stand-by varios posts de “La vida de acuerdo a mis fotos”. Apenas lo recupere arreglado te prometo actualizarlos y ponerme al día. No quiero que te pierdas todas las cosas que pasan en nuestra pequeña vida. Te amo!

Happy Mes-Day Valentina!

Bebé! Hoy cumples tu primer mes de nacida. ¡Qué emocionante!

Salimos a media tarde a visitar a tus abuelos, y en el camino compramos un postrecito para celebrarlo. No puedes empezar a imaginar lo especiales que han sido los últimos días para mamá y papá. Te empezamos a descubrir, a conocer. Empezamos a divertirnos contigo. Empezamos a dejar algunos miedos atrás y haciéndolo, aprendemos a disfrutarte. ¡Hasta damos consejos de paternidad a algunos amigos! (Dentro de nuestras limitaciones, claro está).

En estos últimos días, pequeña bebé, hemos descubierto tantos aspectos de tu personalidad que es increíble llegar a comprender y a aceptar que tenemos a otra persona en casa, y que si bien depende de nosotros, tiene su propio temperamento, carácter y personalidad. Como cuando te dormiste enojada antes de que papá termine de calentar el biberón. Empezaste a llorar por hambre, y como papá se demoró más de los 3 minutos a los que estás acostumbrada, pues decidiste quedarte dormida, pero enojada. Cuando llegué con el biberón en la mano y te vi, no pude más que correr por la cámara.

Y por alguna razón, te súper relajas mientras te cambiamos el pañal o la ropa. No sé qué magia existe en tu cambiador, o si se trata de la postura, de la temperatura, de que está en tu cuarto y te distraen las luces de tu lámpara, o si realmente disfrutas ver a papá batallar abrochándote y desabrochándote los enterizos tras cada cambiada. Todo por que te sientas más fresca y relajada.

En este primer mes hemos empezado a comunicarnos más. Nos miramos profundamente mientras comes, “conversamos” entre gorjeos, gruñidos, y cuando tu hipo lo permite, entre cosquillas y apachurres. Has aprendido a disfrutar de tu baño diario con tanto placer, y papá ha aprendido a secarte el cuerpito y masajearte buscando transmitirte mucha calma, y ahora duermes tan relajada y feliz que papá y mamá ya pueden quedarse tranquilos por la noche, al menos hasta que te despiertas entre la 1 y las 3am para tu siguiente comida.

Has cambiado tanto en estos 30 días pequeña maravilla, que no puedo esperar a vivir los próximos 30. Y así, todos los días que tenga la suerte de compartir contigo, con suerte, hasta que sea viejito. ¿Puedes creer que pesas ya más de 5 kilos? Naciste con 3.225 Kg! Has subido casi 2 kilos, pequeña. Eres una vikinga cachetona!

Te prometo que atesoraré toda la vida todos los días que tengo contigo, y que aprenderé cada día a entenderte como una persona con su propia personalidad, temperamento y necesidades. Que haré lo posible porque no vuelvas a dormir enojada, y que celebraré siempre todos tus logros, aunque sean sólo cumplir 30 días más.

Te adoro, pequeña.

Papá.

3 semanas de ti

Hola pollito mojado. ¿Cómo estás? Me pregunto, ¿a qué edad empezarás a leer estas cartas? Quizá seas un poco grande cuando empieces, o quizá sigas siendo pequeña y te metas todavía a cama de papá y mamá para dormir abrigada. Sea el caso que sea, sé que algo no habrá cambiado: lo increíblemente parecida que eres a mamá. Desde la forma en la que me miras frunciendo el ceño cuando me demoro en calentarte un biberón, a la manera en la que se recuestan en la cama, eres una copia del lenguaje corporal de mamá. Y eso sólo hace que me enamore más de ti, pequeña V.

Han pasado poco más de 3 semanas desde que llegaste a mis brazos. 3 semanas de noches interrumpidas por sesiones de lactancia, chanchitos, cambios de pañal y arropadas. 3 semanas de perder miedos y agarrar confianza. Más de 21 días de observaciones fijas sobre tu peso, el color de tus ojos, y la manera en la que tus deditos se aferran a los míos. 3 semanas de mucha intensidad emocional, tanto nuestra como de la familia, y 3 semanas de cansancio finalmente. Cansancio reparado por tus esporádicas sonrisas, por el calor de tu cuerpito adormecido sobre mi pecho, y por las largas miradas con las que regalas a mis trasnochados ojos.

Y son más de tres semanas también en las que tú has ido creciendo mucho! Ya tienes más de 4,7 kilos, y estás a una semana de tu control por el primer mes!  Ya hemos tenido que cambiar tus pañales talla RN por unos talla P! Eres una pequeña  gordis! Y Papá y Mamá están muy felices de que tengas tan buen apetito, y de que comas tan bien y contenta, porque eso nos deja muy tranquilos sabiendo que eres una bebé fuerte, y que no será víctima de un resfrío fácilmente. Especialmente en este clima que cambia cada día.

En estas tres semanas la casa ha cambiado mucho. Ha cambiado el movimiento diario. Las idas y vueltas del dormitorio a la cocina, de tu cuarto a la lavandería, a todas horas y en cualquier momento. Han cambiado los olores de la casa. Ahora todo huele más rico, y el olor a anís y a detergente Caricia flota por todo el ambiente.

El mobiliario ha cambiado. Los muebles tienen una babita tirada siempre por ahí, un babero, una mantita de polar y no es difícil tropezarse con cualquiera de tus artefactos y armatostes, todos vibradores y relajantes. Pero déjame decirte, nunca estuvo nuestra casita tan viva.

Estas tres semanas, que parecen una eternidad ya para nosotros, nos están llenando de una sabiduría trascendental en relación a los bebés. Sentimos cada día que aprendemos a entenderte mejor. Que podemos diferenciar tus llantitos de gatita y que casi, casi podemos anticiparlos. Y digo que parecen una eternidad porque pareciera que llevamos haciendo esto por meses. Quizá son las malas noches, que hacen que dupliquemos los 21 días y pensemos que fueron 42 (turno doble, después de todo!), pero creo que finalmente después de estas tres semanas, ya tenemos la mayor parte de cosas bajo control. Creo que ya, ahora sí, estamos agarrando cuerpo, ritmo y el truco a esto de hacerte feliz, mantenerte sana, y verte crecer con calma. Y eso me da mucha paz, porque últimamente nada me ponía más nervioso que la idea de no saber cuidarte bien. Ahora soy un Papá feliz, y felizmente enamorado de Mamá, a quien no puedo menos que aplaudir, porque en estas 3 semanas ha sido realmente increíble. 

¿Sabías pequeña bebé, que este 31 de Octubre Papá te disfrazará por Halloween? No te diré de qué te vestiré, porque quiero tomarte una foto especial para sorprenderte, jeje, pero puedo decirte que estoy muy emocionado, y me muero de risa siempre que veo tu disfraz.

Lo lamento, pequeña nariz de tulipán, pero eres mi juguete, y lo seguirás siendo mientras sigas indefensa y te tenga en mis garras.

Te amo mi pequeña Violentina Valentina. Espero que esta noche podamos dormir todos muy bien.

Papá.

Detrás de las 40 semanas

Hola hermosa. El día que naciste, de madrugada corrí a la cámara y filmé parte de este video. Como todo en las 40 semanas que duró tu llegada, fue hecho pensando en ti. No, no soy un editor profesional, ni espero que sea una obra maestra. Pero espero que veas, un poquito jugando con las fotos, lo felices que han sido tus papás mientras planificaban tu llegada.

Porque verás la pancita de mamá, el pintado de tu cuarto, tu babyshower, el viaje de papá, la compra de tus aretitos, todos esos momentos que han sido tan simbólicos para nosotros, pero sobre todo, verás el inmenso amor que te tenemos, y lo afortunados que sabemos que somos de poder haber preparado tu llegada de esta manera.

Son momentos muy simbólicos porque mamá y papá luchan, luchan todos los días por poder vivir juntos en un mundo difícil y competitivo. Y desde que planificamos que vendrías al mundo, luchamos por ti y para ti. Luchamos porque tengas una casa linda, una cuna linda (en este caso regalo de tus abuelos), y lucharemos porque tengas un colegio que te guste, que tengas un doctor que te atienda bien, que tengas la mejor vida posible. Porque tú y mamá son el amor de mi vida. Y mi amor está en esa lucha.

La canción de fondo, que me gusta mucho, se llama Welcome Home, de The Radical Face. Y la escogí porque mi amor, lo único que quisimos hacer desde que te soñamos por primera vez fue darte la bienvenida a casa.

Bienvenida nuevamente, princesa.

Papá.

¿Es normal?

Hola piojo maravilla, aunque no lo creas, te tengo aquí a mi lado, en brazos de mamá mientras que vemos Fashion Police: The September Issue. Es súper divertido escribirte y saber que estás a mi lado tirándote peditos y mirándome con tus enormes ojazos.

Desde hace unos días quería escribirte, y de hecho tenía la idea de mi carta de hoy desde hace ya un tiempito, pero no he podido tener paz como para sentarme frente a la compu hasta ahorita. En gran parte, porque estoy más ocupado cambiándote, dándote de comer, bañándote, haciéndote dormir, o simplemente mirándote, el cual confieso es mi nuevo pasatiempo favorito.

Te han salido en los cachetitos unos pequeños granitos, los cuales llaman “engordaderas” (lo que ya consultamos) y son normales, desaparecerán en unas semanas por arte de magia, y no te pican, ni te duelen, ni fastidian. Sólo preocupan si no sabes lo que son. Cuando naciste tenías manchitas rosáceas alrededor del cuerpo, con ciertas ronchitas al centro. Eso se denomina eritema tóxico y es frecuente en alrededor del 50% de los recién nacidos. No pica, no duele, no fastidia, y se quita solito con el tiempo. De hecho ya prácticamente no lo tienes. Pero preocupa. Y por un momento te vimos un brillito amarillento, llamado ictericia, que desapareció a los pocos días de nacida, y que en muchos casos también desaparece poco a poco. Ahora eres una linda enana rosada que pesa ya 4,300 gr.

Y como decía, todas esas cosas preocupan. Preocupan porque la gran interrogante es: ¿Es normal? Y creo que esta interrogante es una que se hacen, hicieron y harán todos los papás primerizos. Tenemos tanto miedo acumulado que vemos señales de alarma en todas partes. ¿Comes mucho? ¿Poco? ¿Subiste mucho de peso? Demasiado poco? ¿Duermes mucho? ¿Poco? ¿Qué cosa es normal? ¿Cuál es la regla sobre la que tengo que regirme?

Felizmente, papá y mamá son personas relativamente relajadas y hemos tenido la suerte de estar bastante informados, así que conocemos las señales de alarma tradicionales, y entendemos que en gran parte todo lo demás, es bastante normal. Y lo sabemos porque tu sonrisa juguetona, tus ojos maravillosos y tu apetito voraz nos indican que todo está bien. 

Nuestro único consejo para papás primerizos es: tengan un buen pediatra. Y con bueno, me refiero a que conteste todas sus preguntas. No teman preguntar lo que puedan pensar que es una tontería, porque aunque no sea algo grave, su paz mental hará que puedan disfrutar más a su bebé, sin estar siempre a un paso de la sala de emergencias de la clínica. Y la paz, no tiene precio.

Es esa paz mi amor, la que hace que podamos meterte a la camita súper rico entre papá y mamá y ver una película, viéndote dormir tranquila, repleta, y feliz. Abrazaditos, porque somos una familia.

¡Qué rico es tenerte en nuestra vida oye! Algo sí puedo decirte, el amor que tenemos mamá y papá por ti, no es normal. Sin duda alguna, es extraordinario!

Te amamos pequeña Tamalina!

Papá.