Cuando te rompan el corazón

Es difícil pensar en esto cuando veo tus fotos, difícil pensar en esto cuando te veo sonreír. Pero pasará. Te romperán el corazón.

Cuando pase, lee esto.

Cuando te rompan el corazón, sentirás que el mundo no es redondo. Sentirás que la Tierra es plana, que el mundo no gira y el tiempo no pasa. Que por alguna razón, un gran agujero se abrió ante ti en cuyo borde resbalarás y caerás, y donde quizás sólo llegar al fondo haga que el dolor termine. Sentirás que no puedes más. Sentirás, quizás, que todo el oxígeno que te rodea no es suficiente para tus pulmones. Que no puedes respirar, que las paredes se cierran alrededor tuyo.

Es probable que no entiendas cómo es posible que sigas llorando. ¿De dónde pueden salir tantas lágrimas? Que tu voz se corte por el llanto. Que la compañía no sea suficiente, o que no la necesitas. Sentirás un hueco hondo en el pecho, donde antes latía tu corazón. Sentirás una piedra en el estómago y un nudo en la garganta.

Te preguntarás, “¿qué hice mal?” y tendrás tantas respuestas, quizás sin la certeza de que alguna sea correcta. La duda te visitará constantemente. Los consejos para seguir adelante de tus amigos y amigas lloverán, pero por alguna razón no te harán sentir mejor. Querrás sentirte dura, para derrumbarte nuevamente. Y te sentirás culpable por eso. Querrás que todo pase, y que pase ya. Porque nadie quiere sentirse mal, nunca tan mal.

Querrás odiar a la persona que te hizo sentir así. Y te sentirás mal por odiarlo, porque en el fondo quizás quieras perdonarlo, y volver al pasado. Estarás tentada de olvidar lo que pasó, y empezar todo de nuevo. Pero sabes que sí pasó. Sabes que dolió. Y sabes que lo único que quieres es no sentirte así.

Mi pequeña hija. Quiero decirte que no estás sola. Que como tú, miles de personas en el mundo han sufrido de ruptura de corazón. Y que la mayoría de ellas han sobrevivido exitosamente. Quiero decirte que se trata de un mal agudo, y no crónico. Es un mal que pasa. Un dolor profundo que te tumba hasta el piso, y te reta a ponerte de pie.

Quiero decirte que ese agujero en el pecho, luego se llena de calma. Se llena de ti. Que tu corazón se reconstruye. Que aprende. Tu alma renace, y la vida vuelve a sonreír. Quiero asegurarte que el tiempo, y sólo el tiempo, te dará la perspectiva necesaria para sanar tus heridas. Quiero que sepas que estarás bien.

Quiero decirte que cuando esto pase, respetaré tu espacio. Aunque mi corazón salte en llamas y mi alma quiera degollar a la persona que te hizo sentir así, guardaré la distancia que tú requieras. Que dejaré que te encierres dando un portazo. Pero que estaré del otro lado de esa puerta. Que estaré listo para pedirte, cuando tú estés lista, que me acompañes a comprar un helado, o a pasear – si es que no te molesta que te vean con tu viejo.

Quiero que sepas, mi amor, que esto puede pasar más de una vez. Y que pasa muchas veces, cuando uno menos lo espera. Que es muy difícil estar preparado para esto, y que el dolor duele más cuando sorprende.

Pero quiero que sepas también, que puedes contar conmigo. Puedes contar con que te llevaré, sin juzgar ni hablar demasiado, quizás a algún lugar distinto, donde podamos ver las estrellas más de cerca. Donde el cielo tenga otro aire, y el horizonte del mundo se vea distinto. Que te sacaré de la rutina, y te ayudaré a tomar una pausa.

Que mamá y yo acompañaremos, en mutuo respeto, el luto que guardes en el alma.

Pero sobre todas las cosas, quiero que sepas que eres fuerte. Que lograrás pararte. Que tu corazón es más grande de lo que crees. Que para entonces habrás aprendido a perdonar, a aprender, a respetar, y a avanzar. Que Dios es una fuerza que nos ayuda mucho en estos casos, y que puedes contar con él. Que puedes contar conmigo.

Quiero prometerte, que luego, serás más fuerte, serás más tú, serás más humana, y más bella que nunca. Porque las flores que renacen de las cenizas son quizás las más hermosas.

Cuando te rompan el corazón, yo te ayudaré a recoger los pedazos, los pegaré, y los cuidaré. Y cuando estés lista, una mañana al despertar, lo encontrarás latiendo otra vez en tu pecho.

Ese día, te enseñaré a verte a través de mis ojos. Te amo, pequeña.

Papá.

Valentina sonriendo

La locura de Valentina

Valentina MuckVerte crecer cada día, saberte más grande y fuerte es una bendición. Sentirte saludable nos brinda tranquilidad. Saberte curiosa y despierta nos llena de alegría. Pero conocerte, conocerte y reconocer tu personalidad, es mi mayor delicia.

Descubrir que tu hija tiene mucho o poco de uno puede ser bastante divertido, encontrar las similitudes en los rasgos y las facciones, desde la punta del cabello hasta la punta de los pies es una tarea que genera mucho entusiasmo. Descubrir las pestañas de mamá, las orejas de papá, las cejas de la abuela. La nariz de mamá, la boca de papá, o las manos del abuelo. Son cosas ricas, deliciosas. Pero conocerte, y empezar a entender que eres una persona que aunque esté compuesta de esta sumatoria de ojos de mamá y cachetes de papá,  eres más que eso. Eres Valentina. Y esos ojos, son de Valentina, los cachetes, de Valentina también. Y el carácter y la personalidad… de Valentina también.

Valentina Muck

Y es a raíz de comentarios como “tiene un genio!” que me pongo a pensar en tu personalidad, y en la forma en la que el mundo puede percibirte.  Te cuento ahora los rasgos que a mi me llaman la atención. Sírvase usted cruzarlos con sus rasgos a los 15 años, a ver si la cosa cambia:

– Amas a tus peluches de chanchito y a Minnie Mouse. Los amas. Cuando los ves, los abrazas (y al chanchito le muerdes la nariz “cariñosamente”).

– No eres desodediente. Tampoco obediente. Pero sí independiente. Cuando te llamamos por tu nombre, volteas, nos miras, decides si hacer caso a nuestra “sugerencia” (a veces enérgica) y optas por tomar tu propia decisión. Que puede ser seguir arrancando el borde de protección de la mesa de centro, o alejarte del borde de la cama y regresar a nuestros brazos.

– Eres obstinada. Terca. Yo lo tomo como un signo de saber lo que quieres, pero con mayor precisión, saber lo que no quieres. Como cuando no quieres abrir la boca para comer. A esa boquita tuya no entra nada que tú no quieras que entre. Y aunque entre mamá y yo ya hallamos llegado al punto de hacer malabarismo frente a ti (literalmente – con naranjas) para que comas, cuando dices no… pues es no.

Valentina Muck

– La curiosidad llena tu vida, y no temes satisfacerla. En general, creo que temes muy pocas cosas. No lloras mucho, ni te quedas petrificada. Siempre tomas acción. Lo cual para papá y mamá significa mantenernos alerta y en movimiento. El otro día en un cumpleaños infantil casi te comes a una amiguita. No tienes miedo a las personas, salvo la extraña excepción de algunas, especialmente si son mayores (te asustarán las arrugas?).

– Sabes compartir. Hace unos días te quitaste el chupón, y me lo pusiste. Juegas súper bien en las piscinas de pelotas con otras bebés, y no te asusta que te quiten un juguete. Tampoco te interesa mucho. Avanzas al siguiente y ya. Aunque sí vienes corriendo cuando se trata de tu chanchito o tu Minnie.

En líneas generales eres una bebé adorable, con sus momentos de terquedad y obstinación, y con visos de un carácter sólido. Eres buena, generosa y amigable, juguetona y curiosa y cuando quieres, sabes ser muy amorosa.

Pero nada te quita lo tremendina. Dicen que los huracanes tienen nombre de mujer por una razón. Yo solía estar de acuerdo con eso. Ahora pienso que tienen nombre de bebé. A tus casi 11 meses cambiarte de ropa y de pañal es una locura. Hacen falta 2 personas, y si lo hace una, termina agotada.

Valentina animated gifNo dejas de contorsionarte, de escabullirte y de escurrirte entre nuestros brazos. Te meneas, gruñes y hasta a veces maúllas. Parece la transformación de Valentina en Violentina. Sacudes tus patoingas en el aire y entre una mezcla de llantitos y risas perseguimos el cometido, sólo para limpiarnos el sudor de la frente una vez más y no terminar con el pañal en la cabeza.

Papapalabras

Princesa. Se acercan peligrosamente tus 11 meses, y con ellos tu cumpleaños está a la vuelta de la esquina. Te cuento que ya separamos el local, compramos manteles, y algunas cositas más para empezar a trabajar en eso. Hemos decidido que tu primer cumpleaños es tan importante que debería tener un logo. Así que vamos a diseñar un logo de tu cumple, para convertirlo en un sello, y así sellar desde las servilletas hasta las invitaciones y las sorpresitas. Ya te contaré más en estos días.

Con tu cumpleaños  cada vez más cerca tu personalidad va creciendo y haciéndose más notoria, así como tu velocidad para gatear, el tiempo que logras pararte sola, y la cantidad de ruidos y palabrejas que masticas. Pero la pregunta del millón ahora es, llegarás caminando a tu primer año?

Stay tuned.

Te amo.

Papá.