Yo también cambio pañales

Carta abierta a los dueños de restaurantes, administradores y gerentes de centros comerciales y demás personas que puedan sentirse identificadas:

Valentina en la Preferida

 

Desde que pudimos salir de casa por primera vez con Valentina y reanudar (o empezar) nuestra vida diaria hemos hecho lo posible por seguir con nuestro ritmo normal, acomodándonos en un principio a nuestra recientemente estrenada situación de padres, y acostumbrándonos finalmente a vivir bajo las necesidades de nuestra hija.

Valentina en San AntonioComo a todos los padres primerizos, el proceso de aprendizaje hizo que pasemos gradualmente de cargar equipaje transatlántico cuando salíamos de casa con la pequeña, a aprender a llevar un eficiente maletín. Del mismo modo, con el tiempo y la práctica aprendimos a ser más solventes con las eventualidades que llevar una pequeña bebé consigo a todas partes podrían traer consigo, como tener siempre algo que pueda comer si tiene hambre, algo de beber, algo para entretenerla.

Es pollo frito, no pescado crudo por si las dudas.

Es pollo frito, no pescado crudo por si las dudas.

Sin embargo, y a pesar de hacer las compras con nuestra hija, salir a comer con ella, pasear y visitar distintas partes de la ciudad, y hacer el máximo esfuerzo de no dejarla en casa porque es más “práctico”, existe algo que a lo que no hemos podido acostumbrarnos. Y es a empezar a dejar de visitar los lugares que más nos gustan, por la falta de facilidades para cambiarle el pañal a Valentina.

Valentina en Pescados Capitales

Valentina en Chili'sY puntualmente tengo que hacer énfasis en lo que me toca a mi como papá. Porque la vida es mucho más complicada cuando salgo a solas con Valentina.

Felizmente nunca hemos pasado por el mal momento de tener que evitar entrar a algún lugar por la falta de sillas para bebés, porque es algo que uno pregunta desde un principio y antes de empezar a consumir, pero los incidentes pañalísticos tienen completamente otra naturaleza, y ocurren en cualquier momento. Escribo esto en forma de protesta porque este fin de semana fui a un restaurante en el Jockey Plaza y tuve que cambiar a Valentina sobre el lavamanos del baño, incomodando a cualquier persona que quiera hacer uso del espacio, luchando contra mi hija que moría por abrir los caños y meter los pies en el agua, terminando con un proceso de lo más engorroso y nada satisfactorio para ninguna de las partes involucradas.

Gracias a Dios tenía en mis manos los pañales Up & Go de Huggies y se los pude poner estando de pie, porque como es lógico, en el lavamanos no existía forma de echar a la bebé para cambiarla con los tradicionales. ¿Cuál habría sido mi suerte de lo contrario? Simple, me pasaría lo que me ha pasado ya 3 veces en el Jockey, y 3 veces más en restaurantes conocidos de Miraflores y Surco: Salir a cambiar a la bebé en el carro. Cosa que dista de ser lo más cómodo, principalmente para Valentina.

Quiero agradecerles desde ya porque definitivamente no puede ser fácil acondicionar sus espacios para recibir a papás con bebés: No comen mucho, los papás se quedan poquísimo tiempo sentados por lo que probablemente no pidan todo lo que podrían, y lo más probable es que tampoco pidan licor o postres, así que quizás no seamos la audiencia que buscan para sus locales, definitivamente no los más rentables. Además, los bebés hacen ruido, lloran, y ensucian un montón. Así que le agradezco desde ya su buen ánimo, la facilidad que nos brindan con las sillas para bebés y la sonrisas pacientes que nos regalan cuando pedimos cualquier cosa “pero rapidito porque la bebe se muere de hambre” para luego limpiar el piso de todas las cositas que nuestros pequeños tiran sin querer.

Y con este agradecimiento les planteo un trato. Les prometo que seguiremos visitando sus locales, que como ven en las fotos, nos gustan mucho y le encantan a Valentina. Les prometo que cuando Valentina sea más grande, pediremos postre, y hasta cosas para llevar. Pero a cambio, les pido encarecidamente, que coloquen cambiadores de bebés en los baños de hombre. Porque somos papás, y nuestros bebés tienen necesidades. Un papá tiene derecho a salir solo con sus hijos y no temer no poder resolver algo tan diario y rutinario como el cambio de un pañal. Un papá tiene derecho a decirle a una esposa cansada que quiere comer tranquila “tranqui amor, yo me encargo” y llevarse a la bebé al baño sin temor a tener que hacer malabarismo con pañales limpios y sucios. Un papá tiene derecho a salir con su hija a un centro comercial a buscar un regalo por San Valentín para mamá, y no tener que demorarse 15 minutos corriendo para llegar al estacionamiento para improvisar un cambio.

Valentina y yo se los agradeceremos de corazón.

Valentina en la bodeguita

Valentina en Bravo RestobarValentina