Monstruos

“Mostuos. Mostos. Moustios. Mostos papi. Mooooostoooos!”

Hace unas semanas aprendiste esa palabra. Y si bien sé que te refieresal hombre de nieve infernal que crea Elsa para ahuyentar a Ana, Kristoff y Olaf en Frozen, también he podido ver en tu rostro por primera vez algo que se asemeja al miedo.

Esa carita loca tuya, estirando la trompita, abriendo los ojazos, escondiéndote, repitiendo “Mostruooo!” y abrazándote a mi. Repitiéndola incluso cuando la película ya no está encendida como si algo te persiguiera. Y si bien sé que no es terror lo que sientes, pero en realidad una gran sorpresa a la aparición del personaje, me voy dando cuenta que el concepto del miedo es algo que poco a poco vas conociendo.

Siempre me sorprendió la facilidad y el sincuidado con el que te levantabas de noche y con todas las luces apagadas caminabas sola e independiente hacia la cocina a pedir leche. Especialmente la forma en la que lo hacías sorteando el mar de legos y juguetes que dejas regados por la sala antes de dormir. La forma en la que vienes a mis brazos sin el más mínimo temor a la oscuridad. Sólo recientemente me he dado cuenta que ese temor, todavía no existe en ti. Y que el miedo, los monstruos, el mal, son conceptos que todavía aprenderás. Que estás por aprender.

Y ensayo respuestas, y reacciono con frases hechas cuando gritas “Papi, Mostruooo!” diciéndote que yo te cuido, que yo te protegeré, que nadie puede con Papá. Porque Papá es el hombre más fuerte del mundo. Porque ningún monstruo se va a acercar a ti porque los monstruos le tienen miedo a Papá.

Y me asusta pensar que los monstruos sí existen. Que no soy el hombre más fuerte del mundo. Que sí se pueden acercar a ti. Que no me tienen miedo.

Me asusta pensar que los monstruos no son bicharracos de 3 metros de altura hechos de nieve con garras de hielo y ojos fulminantes. Me asusta pensar que tienen estatura promedio, rostros promedio, y que quizás lo único que los delate sean los ojos fulminantes. El brillo macabro en sus ojos.

Mientras me pierdo en esos pensamientos, cavilando con cada vez con mayor profunidad, empiezas a cantar “Libre shoy, libre shoy” y me abrazas. Pones tu cabecita en mi hombro… y me doy cuenta que eres tú quien me protege a mi.

Valentina come pinkberry